jueves, 10 de agosto de 2017

Espera en Dios

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Días antes de nacer nuestro primer hijo, estábamos llenos de ansiedad por tenerlo en nuestros brazos, sin embargo sabíamos que la espera era necesaria para que viniera al mundo saludable. El día que nació estaba trabajando en otra ciudad y tuve que regresar corriendo para llevar a Lizet al hospital. La espera valió la pena: a pesar que nació estresado (y pasó tres días en la incubadora) nuestro hijo estaba con nosotros, y hasta hoy nos dá una alegria inmensa tenerlo junto a nosotros!

Esperar no siempre es lo mejor. Nos encanta la impaciencia, y ese estado que dá la ansiedad y el afán se convierte en algunos momentos en algo necesario para nuestro cuerpo, casi como una droga.

Y ahí nos acordamos de Jesús, durmiendo placidamente en un barco en medio del Mar de Galilea. No tendriamos problemas con la escena si no fuera porque ese barco estaba siendo azotado por las olas de la Laguna, y los discípulos luchaban freneticamente para mantener el barco a flote.

Recuerde que Jesús estaba durmiendo.

Cómo es que Él consigue dormir en un momento así? No le importa el peligro que todos ellos estaban pasando - y Él también porque estaba dentro de aquella embarcación?

Pero, cuando nuestro desespero se torna mayor, es cuando nos acordamos que hay un Dios que nos cuida y nos garantiza que, mientras Él esté ahí, el resultado es lo de menos.

Detiene el viento y las olas, no porque era necesario, sino porque sus discípulos necesitaban estar concentrados en aquello que el Maestro les diría:
 "¿Por qué están atemorizados? ¿Cómo no tienen fe?"  (Marcos 4.40)
Así que, cuando el desespero toque nuestra puerta, tengamos la seguridad que Jesús está a nuestro lado porque, bien sea que esté durmiendo o actuante, Él tiene el control de todas las cosas.
Salmos 46:10-11  Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra.  (11)  El SEÑOR de los ejércitos está con nosotros; nuestro baluarte es el Dios de Jacob.  
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